Efecto Magdalena de Proust. Aquí huele a galleta.

¿Quién de nosotros no ha experimentado alguna vez un olor a galletas recién horneadas que lo haya llevado a sentirse como un niño ansioso por comerlas mientras mamá las preparaba? ¿O cuando escuchar las tonadas navideñas (aun en abril o agosto) no nos han hecho sentir también en familia y recordar la comida y el frio de invierno?

Esto se conoce como el Efecto Magdalena o Efecto Proustiano y en este artículo veremos de qué se trata, por qué ocurre y cómo podría beneficiarnos. 

¿Qué es el Efecto Magdalena?

El efecto Magdalena, efecto de Proust o simplemente, efecto prausiano no es más que un interesante fenómeno neurológico en el cual, una persona puede ser capaz de asociar un estímulo sensorial como un olor, sonido, sabor o textura con un recuerdo del pasado de manera involuntaria, es decir, ocurre incluso cuando no pensamos activamente evocar una memoria.

Casi siempre, el estímulo percibido por los órganos de los sentidos que desencadena el efecto de rememorar el pasado es un aroma, muy probablemente debido a la estrecha vinculación de las regiones olfatorias del cerebro con el hipocampo (donde se almacena la memoria de largo plazo), pero ya hablaremos de eso más adelante con más detalle.

Sea como sea, el efecto Magdalena de Proust es increíblemente curioso dado que puede traer del pasado recuerdos y vivencias que fueron experimentadas años e incluso, décadas atrás, pudiendo haber permanecido ocultas a la memoria consciente durante todo ese tiempo.

La mayoría de las personas que experimentan este efecto dicen haberse “transportado” al momento en que vivieron el momento y que es una sensación bastante “sobrecogedora” y “vitalizante”.

No obstante, no siempre lo que rememoramos del pasado por medio de este fenómeno cerebral es positivo o agradable. Muchas personas pueden revivir momentos difíciles, tristes o dolorosos como por ejemplo, el soldado retirado que se siente en medio de un campo de batalla de la Segunda Guerra Mundial con tan solo haber olido un poco de pólvora de un fuego artificial o el aroma del diesel de su máquina podadora de césped.

Este efecto habla de la asombrosa capacidad cerebral de construir redes neuronales que pueden perdurar durante toda nuestra vida de manera latente o “dormida”.

¿Efecto Magdalena? El porqué del nombre

El nombre de Magdalena que lleva este fenómeno proviene de una referencia literaria de comienzos del siglo XX.

En 1913, un novelista francés llamado Marcel Proust escribió un libro titulado Por el Camino de Swann en el cual relata la curiosa experiencia del protagonista que revive un recuerdo de su infancia al degustar el sabor de una magdalena recién horneada y remojada en té.

efecto magdalena

De acuerdo a esta obra, Proust utiliza más de 3,000 palabras para describir el caudal inmenso de emociones, sentimientos y percepciones sensoriales del protagonista, mientras evoca recuerdos de su más pura e inocente infancia.

Con el paso de los años, el efecto Magdalena ha perdurado en el imaginario colectivo de la cultura popular hasta que hoy es posible encontrarlo en textos avanzados de neurociencias, neurología clínica e incluso, mercadotecnia y técnicas de programación neurolingüística (PNL).

¿Cómo ocurre este efecto magdalena? ¿Qué sucede en el cerebro?

De acuerdo a múltiples investigaciones científicas, se ha podido demostrar que la parte cerebral implicada del efecto Magdalena es el sistema límbico, pero, ¿qué es tal sistema?

El sistema límbico no es más que una complicada pero extremadamente precisa red de neuronas (de diferentes partes del encéfalo) responsables de regular y controlar los comportamientos más básicos y las emociones de la mayoría de los mamíferos, especialmente de los seres humanos.

Este sistema está conformado por partes del tálamo, el hipotálamo, la amígdala, el cuerpo calloso (que une ambos hemisferios cerebrales), el septum y el mesencéfalo tiene como principal función servir de asiento anatómico al comportamiento. De él ha dependido nuestra supervivencia como especie.

Ahora bien, el sistema límbico evolucionó para adaptarse a las necesidades de hoy y pudiera decirse que el córtex cerebral (la parte más avanzada del cerebro) lo ha ido sustituyendo. Hoy somos menos instintivos que hace miles de años, por ejemplo. No obstante, este sistema sigue siendo importante en el comportamiento humano.

Pero volviendo al tema principal: el efecto de Proust, el sistema límbico tiene mucho que ver. Cuando éramos menos evolucionados como especie, teníamos que recordar bien los lugares donde podíamos habitar mejor, cuáles alimentos podíamos comer y cuáles evitar, etc. Para lograrlo, los sentidos (especialmente el olfato) tuvieron que agudizarse y estrechar relaciones con el hipocampo, donde están los recuerdos de más largo plazo.

Hoy día, parte de esto sigue conservado pero dependemos menos del olor para identificar nuestras parejas, los mejores lugares para vivir, reconocer alimentos buenos, entre otras cosas (sería algo raro, de hecho) que antes. Nuestro cerebro cortical procesa información más rápida y eficazmente que el sistema límbico y esto nos permite tomar mejores decisiones.

Claro, esto no quiere decir que el sistema límbico está abolido del todo y podemos evidenciarlo cuando experimentamos nuestros propios efectos Magdalena. Pareciera que olfato, emoción y acción tienen mucha asociación anatómica (y funcional) entre sí.

¿Por qué el olfato es tan especial?

Un ser humano puede llegar a reconocer y en ciertos casos, recordar hasta 10 mil aromas distintos. Si comparamos la visión con el olfato podríamos encontrar que el 35 % de la información sensitiva olfatoria se almacena en la memoria pero solo el 5 % de lo que vemos, lo recordamos.

Si lográramos tener un “libro de olores” tendríamos siete veces más probabilidades de memorizarlo que un libro de solo palabras leídas (es decir, vistas). Sin embargo, hay algo que destacar con respecto a esto: estos estímulos pueden ser tanto positivos como negativos y evocar vivencias pasadas agradables, cómodas y placenteras como experiencias dolorosas y difíciles.

Aplicaciones del efecto magdalena en la psicoterapia

Rememorar experiencias pasadas de manera deliberada durante una terapia es una tarea delicada, muchas personas podrían evocar recuerdos muy dolorosos con resultados devastadores. Sin embargo, los psiquiatras y la mayoría de los psicólogos están capacitados para inducir estas experiencias de manera “controlada” en los pacientes y así, ayudarlos a superar situaciones del pasado, apegos emocionales, traumas, etc.

Este es un campo de la psicología experimental que sigue en desarrollo. La investigación científica de las redes neuronales responsable de este interesante efecto continúa y cada vez más, se consiguen nuevas y mejores aplicaciones prácticas con fines terapéuticos.

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